Cuarta semana

Ultimos trabajos de la Comisión

El señor Benitez Castaño, llegó á Puerto Rico el 16 de Abril. Inmediatamente dió á la publicidad sus impresiones. La Democracia, publicó el siguiente interview :

R. — Como ha sorprendido la noticia de su llegada á la Isla ¿ tendría usted la bondad de explicarnos las causas que han motivado su viaje inesperado ?

B. — Como he manifestado ya al señor Director del “Heraldo Español,” un párrafo de la carta que como “post scriptum”, envían, por mi conducto, los señores Muñoz Rivera y Coll Cuchí á la Junta Central, explica perfectamente las causas de mi viaje. Dice el citado párrafo :

“Nuestro buen compañero Benítez Castaño, que viene sintiéndose enfermo, con intermitencias desde hace doce días, no puede, según dictamen facultativo, continuar en este clima, á riesgo de contraer alguna grave afección pulmonar. Resistíase al regreso ; pero nosotros le obligamos á regresar, en primer término, porque no nos es dable consentir en el riesgo de su vida ; y en segundo término, porque entrando ahora en un período de mayor calma, no nos es tan necesario como antes su activo y eficaz concurso. El informará á ustedes con más detalles, etc.”

R. — La prensa republicana publicó, hace algunos días, una noticia en que afirmaba que habían ocurrido ciertas desavenencias entre los Comisionados de la Cámara. Hay algo de cierto en ello ?

B. — Nada más incierto y más absurdo. Durante nuestra permanencia en Washington, los Comisionados tuvieron, puede decirse, un solo corazón y un solo pensamiento. Ha existido entre nosotros una gran solidaridad de sentimientos y una gran compenetración de ideas. Nunca discrepamos ; siempre procedimos por unánime acuerdo entre los tres. Más aún : tengo la satisfacción de decir que en este viaje he aprendido á conocer más íntimamente y á querer con cariño más profundo àl señor Muñoz Rivera, á quien proclamo como un excelente amigo, como un gran patriota y como un gran maestro. En cuanto al señor Coll Cuchí, las simpatías y la vieja amistad que nos unían se han estrechado y robustecido de manera inquebrantable.

R. — Puede usted comunicarnos sus impresiones acerca del resultado que tendrán las gestiones de la Comisión en Washington ?

B. — Digo á Vds. que el país puede sentirse complacido de la eficacia de la actitud de la Cámara y de las gestiones de las comisionados ante los Poderes de la Metrópoli. Haber agitado hondamente la opinión pública en los Estados Unidos ; haber movido la prensa ; haber conseguido que el Gabinete de Mr. Taft se reuniera por dos veces para tratar el conflicto de Puerto Rico, sin llegar á una solución y viéndose muy perplejo para adoptarla ; haber hecho resonar la voz del país ante los más altos representantes de la Nación ; haber convencido á muchos de los Representantes de la Cámara y de los miembros del Senado de la injusticia que se está cometiendo en Puerto Rico, todo ello constituye un éxito indiscutible y prepara el terreno para Legar en la próxima sesión ordinaria del Congreso á una reivindicación de los derechos de nuestro pueblo, obteniendo una ampliación ó reforma liberal del Acta Foraker.

R. — No podría conseguirse en esta sesión extraordinaria del Congreso esa misma reforma liberal del Bill Foraker?

B. — Es muy improbable, sino imposible El Congreso está, reunido en sesión extraordinaria y no se tratará en dicha sesión sino de los asuntos que el Presidente someta á la deliberación de ambos Cuerpos Colegisladores. Pero tenemos ya empeñada la batalla definitiva ; estamos en condiciones de ganarla ; es lástima que algunos compatriotas nuestros, lejos de secundar nuestra actitud, traten de entorpecer nuestras gestiones y de hacer inútiles los esfuerzos de la Isla. Cometen con ello un crímen de lesa patria. Pero no conseguirán su propósito, y Puerto Rico salvará su nombre de la ignominia, si Puerto Rico sabe mantener sus energías y sostener, á todo trance, su actitud patriótica y gallarda. Muchas altas personalidades de la política en Washington han formulado su juicio en estas cuestiones en sentido muy favorable al país y han hecho promesas muy halagadoras para el porvenir de la isla. Si estas promesas se cumplen, si nuestro pueblo sigue defendiéndose y librando su campaña, escalaremos la cumbre del triunfo. Corresponde en gran parte á los mismos puertorriqueños la responsabilidad de su derrota ó la gloria de su éxito : Si hay fibra, si hay tezón, si hay perseverancia, Puerto Rico se salva.

R. — Es cierto que el Secretario Ballinger pronunció las palabras que por cable se le atribuyeron?

B. — El Secretario Ballinger reconoció de modo formal la justicia de nuestra causa, al decir, tras una afirmación neta y rotunda de los Comisionados de la Cámara, que si él hubiera nacido en Puerto Rico pensaría y procedería del mismo modo que nosotros.

R. — En cuanto al Presupuesto, qué solución cree usted que ha de venir?

B. — No me parece discreto ni oportuno aventurar juicio acerca de una solución determinada. Indudablemente, habrá presupuesto en la Isla ; pero, indudablemente también, el Congreso Americano no cometerá el atropello de restringir el Acta Foraker dando autoridad al Consejo Ejecutivo para hacer el Presupuesto todos los años prescindiendo de la Cámara. Si se pone en vigor el Presupuesto actual para el próximo año económico, esta medida se adoptará por una Resolución Conjunta del Congreso y ciñéndose exclusivamente al año venidero. Lo otro sería anular virtualmente la Legislatura Insular y dejar sin representación al pueblo quitándole el derecho do votar sus tributos y rompiendo en pedazos uno de los principios fundamentales de las instituciones americanas : A ningún pueblo se le pueden imponer tributos sin su consentimiento.”

R. — En la conferencia con el Secretario Ballinger y los comisionados del Consejo, ¿se mostraron éstos en actitud completamente hostil al pais ?

B. — Siguiendo su política de intemperancias, trataron de hacer prevalecer su criterio y de presentar á la Comisión como desafecta al Gobierno Americano. Especialmente, dirijieron sus tiros contra el señor Muñoz Rivera, á quien hicieron entro otros cargos, los relativos al discurso pronunciado por él contra el Gobernador Post, y á la carta que publicó en “La Democracia” en contestación á otra del señor Llorens Torres. El señor Muñoz Rivera, con la altivez y la firmeza que le caracterizan, mantuvo lodos los términos de su discurso y de su carta explicándolos y justificándolos. Los Consejeros quedáronse perplejos.

En el entretanto proseguían los señores Muñoz Rivera y Coll Cuchí el trabajo penoso de la Comisión. Atentos al más mínimo detalle que pudiera relacionarse con la situación de Puerto Rico, visitaban, en unión del señor Larrínaga, senadores y representantes, y escribían contínuamente para la prensa. El miércoles de aquella semana súpose la resolución del Attorney Winckersham sobre la sección 36 del Acta Foraker. La Administración habíase empeñado en complacer á los señores del Consejo Ejecutivo y obtener para este cuerpo la facultad de hacer los presupuestos sin la intervención de la Cámara de Delegados. Empezaron los periódicos á publicar sueltos oficiosos para demostrar la absoluta necesidad de que el Congreso legislara en ese sentido. El New York Times, fué ėl primero en dar esa pauta, publicando el siguiente artículo :

DISCUSIÓN DE LA CRISIS PUERTORRIQUEÑA EN EL GABINETE. — PARECE HABER TENDENCIAS REVOLUCIONARIAS COMO CONSECUENCIA DEL CONFLICTO ENTRE LAS DOS CÁMARAS. — CIERRE DE LOS TRIBUNALES Y LAS ESCUBLAS. — DISGUSTO POR TEMER LOS AMERICANOS LA MAYORÍA DE LOS CARGOS. — DESEAN MODIFICACIONES EN LA LEY FORAKER.

Información especial alNew York Times”

Washington, abril 6. — El estado de cosas en Puerto Rico ha llegado á ser tan grave, que ha sido objeto de discusión por el Gabinete en su sesión da hoy. El Presidente Taft, siguiendo su costumbre de permitir que cada uno de los departamentos resuelva los asuntos que son de su competencia, ha pasado el asunto del problema de Puerto Rico á la consideración del Attorney General Mr. Wickersham. Noticias recibidas de funcionarios de la isla nos informan que la fuerza de la Policía Insular ha sido considerablemente disminuída en número, muchas de las escuelas han sido cenadas y la Corte Federal se ha visto obligada á suspender sus trabajos en virtud de haberse negado la Cámara á aprobar ciertas partidas del Presupuesto que son necesaria para el mantenimiento del Gobierno.

Esta situación se considera en extremo peligrosa, y, en la opinión de uno de los empleados de Puerto Rico que en la actualidad se encuentra aquí, comienzan á aparecer “tendencias revolucionarias.” Varios funcionarios de la Isla se encuentran en Washington solicitando la ayuda del Congreso al objeto de que se interprete la Ley Orgánica de una manera tan clara con respecto al punto que es objeto do discusión por ambos cuerpos legislativos que en lo sucesivo no deje lugar á duda alguna su interpretación. Si la decisión del Attorney General es favorable al Gobierno de la Isla, probablemente no será llevado el asunto al Congreso.

De acuerdo con Mr. Hoyt, Attorney General de Puerto Rico, estos empleados están trabajando con el Attorney Mr. Wickersham para inclinarle á interpretar la Ley Foraker, que provee para el Gobierno de la isla, en forma tal que el Consejo Ejecutivo, ó Cámara Alta, pueda asignar los sueldos de todos los empleados sin el consentimiento de la Cámara Baja. Este es el punto por el cual se han dividido los dos cuerpos colegisladores.

El Consejo Ejecutivo se compone de americanos, que son jefes de los diferentes Departamentos, y cinco puertorriqueños. Como consecuencía de la forma en que está constituido este cuerpo, siempre ha habido mayor número de empleados americanos y esto es precisamente lo que más ha digustado á los puertorriqueños. No se ha acusado á los americanos de apropiarse el mayor número de sueldos, pero se manifiesta que las leyes aprobadas por la Cámara baja han sido recibidas friamente y, á veces, completamente desechadas.

La crisis surgió durante la última sesión ordinaria de la Asamblea Legislativa, cuando la Cámara baja presentó dos proyectos de ley que venían á modificar leyes importantes, mientras el Consejo Ejecutivo preparaba el Presupuesto. El Presupuesto señala los sueldos de los empleados, los gastos de los diferentes Departamentos y los fondos para mejoras públicas

Generalmente asciende á cuatro millones de dollars, dedicándose la mitad de esta suma á mejoras públicas. Cuando los proyectos de ley de referencia fueron remitidos al Consejo Ejecutivo, no se recibieron allí con muestras de simpatías. Una de estas leyes aumentaba el número de Jueces municipales de 21 á 42, suprimiendo los cargos de Jueces de Paz. La otra ley arrancaba al Gobernador la facultad de destituir á los Alcaldes por causas justificadas; confiriéndola á la Asamblea Legislativa.

Conocedora la Cámara baja de que el Consejo Ejecutivo no aprobaría estos proyectos de ley, arremetió resuelta y enfáticamente contra el presupuesto. Los Delegados comenzaron á usar el lápiz rojo, y cuando hubieron terminado su obra los sueldos habían sido reducidos de manera tan considerable, que en algunos casos se hicieron reducciones de un 90 por ciento. A jefes de Negociados con sueldos de $2.500 se les rebajó á $250, y los demás empleados sufrieron rebajas proporcionales.

El Consejo Ejecutivo se negó á aceptar las reformas pedidas, dando ésto por resultado que se cerrase la Asamblea Legislativa sin haberse aprobado ni el Presupuesto ni el urgente Proyecto do ley de deficiencias.

El Gobernador Post convocó en el acto para una Asamblea extraordinaria en la cual siguiéronse los mismos procedimientos, y no llegándose á un acuerdo en ésta, fué convocada otra, con los mismos resultados.

Llegó entonces la situación á ser tan grave, que se decidió someter el asunto á la consideración de las autoridades en Washington. En su virtud, el Attorney General Hoyt, el juez. Federal B. S. Rodey y varios otros empleados americanos salieron para este país. Vinieron acompañados de una Comisión de la Cámara de Delegados, presidida por Luis Muñoz Rivera, leader del Partido Unionista, que domina por completo la Cámara de Delegados.

El señor Rivera insiste en que el espíritu de la ley Foraker, que es la Ley Orgánica del país, da derecho á la. Cámara de Delegados para intervenir en cualquiera asignación que se haga para el sostenimiento del gobierno de la Isla, mientras que el Consejo insiste en que no es tal el espíritu de esa ley. El asunto está en manos del Attorney General.

Unos y otros reconocen que si el Attorney General decide la cuestión desfavorablemente para el Consejo Ejecutivo, surgirán nuevos trastornos, porque si no se hacen las asignaciones antes de julio 1, fecha en que comienza el año económico, la maquinaria del gobierno se parará inmediatamente y los trabajos oficiales quedarán paralizados por falta de fondos. En el estado actual de la opinión pública daría por resultado esto, según la opinión de los empleados americanos, á serios conflictos.

Tan pronto como Mr. Wickersham se decida en uno ú otro sentido, se someterá su decisión á la aprobación del Congreso. Se pedirá al Congreso que enmiende la Ley, ya en favor de los intereses de los naturales de la isla, otorgando á la Cámara la facultad de intervenir en la formación del Presupuesto, ó ya en favor del Consejo Ejecutivo, quien persistentemente alega que solamente á él compete el proveer á los gastos de Puerto Rico.

(New York Times: Marzo 7.)

Tulio Larrínaga

Tulio Larrínaga

Los comisionados de la Cámara estaban satisfechos de su trabajo, y habían formado su opinión sobre la manera en que sería resuelto el conflicto: el Congreso intervendría, y se haría una enmienda á la ley autorizando la vigencia del anterior presupuesto. Dado el estado de cosas, entendían los comisionados, en unión del señor Larrínaga, que semejante resolución era indispensable, porque no llegando á un acuerdo la Cámara y el Consejo, había que dotar á Puerto Rico de un presupuesto. Pero esto era un incidente, sin otra importancia que ser el primer síntoma de la futura victoria del pueblo puertorriqueño en la lucha aceptada y gloriosamente sostenida por su representación legislativa. Tal enmienda no resolvía el conflicto sino momentáneamente. Luego veremos cuan fundada era la opinión de los comisionados.

Así la situación reducíase el trabajo de los señores Muñoz Rivera y Coll Cuchí, á dos cosas:

  1. — Evitar que se presentara una resolución conjunta por sorpresa, y que fuese aprobada con rapidez, sin oir á los representantes cíe la Isla.
  2. — Obtener el concurso de un número, gran de ó pequeño, según fuese posible, de senadores y diputados que defendieran, nuestra causa oponiéndose á una injusticia.

En este trabajo, como era natural, tomaba parte activísima el señor Larrínaga, á quien sus relaciones parlamentarias daban grandes medios para moverse con desembarazo.

En aquellos días se publicó el primer editorial sobre Puerto Rico. Corresponde ese honor de romper la primera lanza por la libertad de un pueblo extraño al periódico The Globe, de Nueva York, que dió á la publicidad el siguiente artículo:

EL CHOQUE EN PUERTO RICO.

“El choque entre las Cámaras alta y baja de la Legislatura, do Puerto Rico, que ha tomado tal gravedad que ha sido necesario solicitar el auxilio de las autoridades de Washington para su arreglo, no es sorprendente. Era de esperarse. Se ha venido temiendo desde el mismo momento en que se aprobó la ley proveyendo una forma de gobierno civil para la Isla. La disputa ha surgido respecto á la facultad exclusiva de la Cámara alta ó Consejo Ejecutivo para asignar los sueldos de todos los empleados ejecutivos de la Isla. Y aunque esta facultad hubiera sido otorgada en los términos más claros, no es improbable que hubiera ocasionado considerable rozamiento. Pero es que los términos no son tan claros como hubieran podido ser. Y esto, unido al hecho que en casi todos los demás asuntos legislativos ambas Cámaras tienen iguales facultades, y que el Consejo Ejecutivo, cuando primeramente surgió el asunto; permitió á la Cámara baja una intervención formal, aunque no positiva, en los trabajos de presupuesto, ha dado lugar á una lucha como la, que estamos presenciando actualmente, que era ya cosa prevista.

Las cláusulas de la ley que se relacionan con la facultad de presupuestar son como sigue:

“Y además de las funciones legislativas que más adelante se les imponen como cuerpo, ejercerán las facultades y cumplirán las obligaciones que más adelante los son respectivamente atribuidas, y los cuales tendrán, facultad, para emplear todos los delegados y ayudantes necesarios para el debido cumplimiento de sus obligaciones como tales funcionarios y como tal Consejo Ejecutivo.

“Que los sueldos de todos los funcionarios de Puerto Rico que no sean nombrados por el Presidente, incluyendo delegados, auxiliares, y demás ayudantes, serán asignados y pagados de las rentas de la, Isla, en la forma y cuantía que de tiempo en tiempo determinare el. Consejo Ejecutivo.”

La Cámara baja ó Casa de Delegados, aunque admitiendo que bajo las prescripciones de esta ley el Consejo Ejecutivo puede tener derecho á determinar el número y sueldo de los empleados en los departamentos ejecutivos, ha sostenido desde un principio que la asignación de los sueldos requiere la sanción de la Asamblea legislativa en su totalidad. A esto dice el Consejo Ejecutivo: La ley provee no solamente que los sueldos sean en la “forma”, sino también en la “cuantía”, que el Consejo Ejecutivo pueda determinar. He aquí el verdadero semillero del conflicto. El Consejo Ejecutivo lo notó y cuando, por primeva vez, en 1901, la cuestión amenazaba tomar grave aspecto, se acordó que así que los jefes de los departamentos hubieran preparado su proyecto de presupuesto, éste debía ser incorporado á una ley de presupuesto general, que, después de haber pasado el Consejo Ejecutivo se remitiría á la Cámara de Delegados “para su consideración”. Tales son las palabras usadas por el Tesorero Willoughby de la Isla, hace un año ó dos, en un artículo expositivo de estos hechos. Este precedente, una vez establecido, se continuó observando — siendo la teoría que la intervención de la Cámara baja se debía únicamente á la tolerancia del Consejo ; por lo cual, si la Cámara baja insistía en enmiendas inaceptables al Consejo surgiría de nuevo y sería aplicada la autoridad independiente de este cuerpo. Tal es la presente crisis. La Cámara baja, violentada por la negativa del Consejo en aprobar dos de sus proyectos de ley favoritos, trató de reducir sin compasión las asignaciones del Consejo, sin que la celebración de dos sesiones especiales de la legislatura hayan traido alivio, habiéndose apelado el asunto á Washington.

Quizás si á los puertorriqueños se le concediese una mayoría en el Consejo Ejecutivo—actualmente cuentan con cinco de los once miembros de este cuerpo y todos los miembros de la Cámara baja—se apaciguarían. Pero es dudoso. Aun contando con seis ó siete puertorriqueños en el Consejo—el Presidente podría nombrar todo el Consejo puertorriqueño si lo creyese conveniente no es seguro que el cuerpo bajo ó más representativo conviniese en sus medidas. Una crisis que afecte la misma forma de gobierno es imposible, y á menos que sea autorizadamente resuelto que el Consejo Ejecutivo no tiene la facultad exclusiva de presupuestar, puede que veamos el principio de una campaña—y esto pronto—para la enmienda material de la ley bajo la cual se gobierna á Puerto Rico. Nosotros no nos encontramos preparados para decir que la Isla no tiene derecho á que se revise su carta de gobierno—que habiendo sido adaptada para un período de transición, puede que en algunos conceptos haya sobrevivido á su mayor utilidad. Al mismo tiempo sería un error alentar falsas esperanzas ó resolver el asunto inconsultamente por el dicho de sectarios.”

Entre tanto el Boston Post, publicó un artículo en que se maltrataba indignamente á la Comisión y al país, calificando á aquella de anti-americana é insignificante y á éste de cobarde y mestizo. La Comisión, no encontrando cabida en ningún periódico americano para atacar á otro periódico americano, escribió, con destino al Boston Post, estas pocas líneas:

Somos la Comisión de la Cámara de Puerto Rico, Acabamos de leer el editorial que nos consagra el Boston Post, lleno de frases ofensivas para nosotros y para nuestra patria. Ofende ese diario á los que no pueden defenderse, ni aún por la publicidad, que se les rehusa. Si estuviéramos en cualquier otro punto de Europa ó América, las costumbres no nos impedirían contestar como se debe. Estamos en territorio norte-americano y las costumbres nos obligan á ceñir nuestra conducta á una respuesta concebida en estos términos:

Guardaos la gloria de herir gratuitamente y á mansalva. Ningún caballero os la envidiaría.

Aquella semana escribieron los comisionados la siguiente carta á la Junta Central:

Washington, D. C.
Abril 16 de 1909.

Señor Presidente de la Junta Central de la Unión de Puerto Rico.
San Juan P. R.

Amigo y correligionario:

La Comisión saluda á usted y á la Junta con el más vivo afecto, incluye copia de su información semanal á la prensa, y amplía esa información incluyendo las siguientes notas confidenciales.

No es preciso añadir una palabra á las ya escritas sobre la consigna á que obedecen aquí los diarios de más vasta circulación. Estamos en realidad boicotizados. Al Gobierno se le publica todo. A nosotros todo se nos admite, por ley de cortesía. Pero después nada ó casi nada aparece. No nos extraña el procedimiento. La Administración se defiende. Apenas se concibe que podamos luchar en tales condiciones. Luchamos y lucharemos en la esperanza, quizás en la certidumbre, de imponer nuestra justicia, ó de preparar, por lo menos, una nueva batalla decisiva en Diciembre.

De los senadores, de los representantes, de los hombres políticos hemos de decir á ustedes que nuestras tentativas iniciales, nuestras primeras entrevistas, son siempre un éxito. Ni uno sólo dejó de reconocer que nos asiste la razón y que el Congreso, no nos atropellará. Luego consultan con sus grandes leaders, cambian de actitud, y nuestra segunda entrevista se desenvuelve sobre el plano de una resistencia urbana ó de un propósito de presión moral que rechazamos. Nuestra convicción es esta :—la mayoría hará lo que se la mande á hacer ; la máquina funcionará y nos triturará, si nos dejamos triturar. Somos pequeños, pero somos duros. Y no pasamos fácilmente por el esófago de ningún pez, así tenga las dimensiones de un cetaceo.

Nuestra conferencia con el ex-gobernador Winthrop fué importantísima. Desde que, al llegar á Washington estudiamos la situación, comprendimos que no nos convenía empezar por colocarnos bajo el ala de nadie, sino defender con energía nuestro derecho. Una visita á Mr. Winthrop estaba contra-indicada. Nos habría impedido la campaña periodística que realizamos durante 15 días con fortuna superior á nuestras previsiones y. sobre todo, á nuestros medios pecuniarios y políticos. En arreglos con el poder no era conveniente apelar á la.opinión. Y perderíamos la opinión y el poder, quedando en la alternativa de abdicar ó perecer. Fracasó la diplomacia de Mr. Ballinger ; fracasó la autoridad de Mr. Talt. Los puertorriqueños no se pasaban bajo las horcas caudinas. Se acudió al Attorney Winckersham y no se obtuvo una opinión favorable al Consejo Ejecutivo. Se nos amenazó con estrangularnos en el Congreso y se vió que tampoco se asustaban los colonos de la ínsula, Y ya á estas alturas, anteayer, miércoles, recibimos la indicación oficiosa de que Mr. Winthrop “nos vería con mucho gusto.”

Allá fuimos ayer é iniciamos la conferencia en estos términos ;

“Venimos á despedirnos de usted. Es posible que de un momento á otro lleguen órdenes telegráficas de la Junta Central para que regresemos á Puerto Rico. Y no queremos partir sin saludarle y reiterarle nuestras simpatías. No vinimos antes por el temor de crearle dificultades, siendo usted un hombre de la administración y un amigo personal del Presidente.”

Mr. Winthrop nos acogió con franqueza y cordialidad. Y abordó el asunto, manifestando lo que sentía y deploraba las divergencias, etc…. Nosotros explanamos el problema íntegro, sin olvidar un solo detalle oportuno. De hecho la conferencia se celebraba con el Presidente Taft. Hablamos del convenio entre el Consejo y la Cámara, de la forma en que cumplió la Cámara y en que faltó el Consejo; de las injurias de los Consejeros y del Juez Rodey; de nuestras declaraciones de incompatibilidad entre esos señores y el país. Aludimos á la circunstancia de que el Congreso, al resolver lo del presupuesto, creara un conflicto permanente; afirmamos que las Cámaras futuras serán unionistas, á menos que no se nos arrebaten por la fuerza; anunciamos que no habrá más presupuesto ni más leyes. Y planteamos la necesidad de elegir uno de estos dos caminos; ó una expansion liberal ó una opresión tiránica y descubierta. Todo ello explicado en las más amplias especificaciones.

A la media hora nos levantamos y no nos permitió Mr. Winthrop que nos marchásemos. A la hora volvimos á levantarnos y sucedió lo mismo. Eran nuestras pruebas para medir el deseo de transacción por parte del Gobierno, y para poner de relieve la firmeza del país. Sacamos de allí el convencimiento de que en la Casa blanca se enterarán al fin de nuestro pleito.

Tenga la Junta la completa seguridad de que, si viene una transacción, vendrá sobre la base del derecho y del decoro de Puerto Rico. Y esté la Junta convencida de que una acción contra la Ley Foraker se prepara en estos momentos, y de que el Consejo Ejecutivo quedará en desprestigio, según lo merece su conducta y lo reclama nuestro interés patriótico.

Hemos trabajado para derribar al Juez Rodey y creemos que no se sostendrá largo tiempo. No se atreve la Comisión, sin embargo, á responder de ningún éxito, mientras ese éxito dependa de resoluciones extrañas, que pueden, modificarse por la mediación de altos influjos. Es esta una batalla que representa para nosotros muchas tristezas y muchas amarguras. Las damos por buenas si resultan útiles á la causa de nuestro pueblo.

Informaremos por cable cualquier suceso definitivo ó cualquier cambio trascendental en el desarrollo de nuestras gestiones.

De usted y de la Junta muy adictos,

(Firmado)
LUIS MUÑOZ RIVERA.
CAY. COLL CUCHÍ.