El Mensaje Presidencial

AL SENADO Y CÁMARA DE REPRESENTANTES:

“Ha surgido una necesidad urgente en Puerto Rico que me obliga á llamar la atención del Congreso hacia los asuntos de esta Isla, recomendando labores legislativas en la presente sesión extraordinaria, tendentes á enmendar la ley porque ella se gobierna.

La Asamblea Legislativa de Puerto Rico clausuró su sesión corriente en marzo 11 próximo pasado, sin aprobar los acostumbrados bills de presupuestos. Inmediatamente, el Gobernador convocó la Asamblea á sesión extraordinaria ; pero, después de tres días de discusión, dió fin otra vez á sus trabajos sin aceptar los necesarios créditos. Esa actitud deja al gobierno de la Isla sin medios para su sostenimiento después de junio 30 venidero, y la situación que, como secuela, se presenta es de gravedad inusitada.

El actual Gobierno de Puerto Rico fué instituído de acuerdo con la ley conocida con el nombre de Acta Foraker, aprobada en Abril 12 de 1900, y puesta en vigor en Mayo 1° de 1900. En sus estipulaciones el jefe ejecutivo es un gobernador nombrado por el Presidente y confirmado por el Senado. Un Secretario, un Attorney General, un Tesorero, un Auditor, un Comisionado del Interior y uno de Instrucción Pública, juntos con cinco miembros más, nombrados por el Presidente, constituyen e Consejo Ejecutivo, y éste debe comprender en su organización no menos de cinco naturales del país. El poder legislativo se le adjudica á la Asamblea Legislativa, integrada por dos ramas coordinadas. La primera de éstas, en orden de prelación, es el indicado Consejo Ejecutivo, y la segunda la Cámara de Delegados, cuerpo popular y de representación, cuyo personal lo eligen los electores capacitados de los siete distritos en que está dividida la Isla.

El articulado explicando la forma en que deberán subvenirse los gastos del gobierno deja algunas dudas en el sentido de si este ejercicio corresponde exclusivamente al Consejo Ejecutivo ; pero en la práctica la Asamblea Legislativa, de consuno, señala las apropiaciones para todos aquellos desembolsos no indicados por el Congreso, y ya es demasiado tarde para darle otra interpretación al mencionado estatuto.

Desde ‘la instauración de la presente Asamblea la Cámara de Delegados viene, sin interrupción, reteniendo hasta el último minuto los bills de créditos, y ha de emplear esa fuerza como medio de imponer el consentimiento del Consejo Ejecutivo en la legislación que deseaba la Cámara.

En la sesión corriente de la última Asamblea Legislativa, la Cámara de Delegados aprobó un bill dividiendo la Isla en varios condados con sus administraciones correspondientes ; un bill para la fundación de escuelas de artes y oficios ; un bill para la fundación de un banco agrícola ; un bill ordenando que las vacantes ocurridas en los puestos de alcaldes y concejales se cubran por votación de los ayuntamientos, en vez de ser ocupadas por nombramiento del Gobernador, y un bill otorgando en gran parte á los mayores contribuyentes de cada distrito municipal la elección de los tasadores de la propiedad.

El Consejo Ejecutivo se negó á, convenir en esos proyectos de ley ; se opuso al del banco agrícola, por razón de que los ingresos del erario no permitían efectuar la derrama, y también al de la escuela de artes y oficios porque violaba de lleno el Acta Foraker. Se negó al cambio propuesto en la ley relacionada con la tasación de la propiedad, basándose en que el proyecto, por lo que se relacionaba con la justipreciación de la propiedad, adjudicaba demasiado poder de imposición de contribuciones en aquellos que tenían más propiedades tributables. El bill de mayor interés era el que se proponía dar caracter electivo á los jueces municipales de veintiseis pueblos. Leyes aprobadas ya de antemano autorizaban la elección de igual número de jueces municipales. Este bill tenía por norte el aumento á sesentiseis de los veintiseis jueces ya acordados, á la par que la desaparición de los jueces de paz. Objetó el Consejo Ejecutivo al cambio, fundándose en que la elección de jueces municipales, al mismo tiempo de haber afectado ya la administración eficaz é imparcial de la justicia, había también resultado en la elección de jueces de un solo credo político, subordinados á la voluntad del Comité Central del Partido Unionista dominante. La actitud del Consejo Ejecutivo resistiéndose á suscribir esos bills trajo como resultado el que la Cámara de Delegados se negase á aprobar los necesarios créditos.

Los hechos enumerados demuestran la disposición de los miembros de la Cámara de Delegados en el sentido de subvertir el Gobierno con la mira de conseguir la aprobación de cierto cuerpo de leyes. La cuestión de si los propuestos bills deberían pasar á ser leyes fué dejada en la ley orgánica á la acción conjunta del Consejo Ejecutivo y Cámara de Delegados, que constituyen la Asamblea Legislativa. La Cámara de Delegados se empeña en la consecución de esas leyes, sin respetar la oposición del Consejo Ejecutivo, ó lo que es más, disponiéndose á destruir el gobierno. Este espíritu, que ha venido desarrollándose de año en año en Puerto Rico, demuestra que á la Cámara de Delegados se le ha concedido demasiado poder, y que sus miembros no han sabido colocarse á la altura de su responsabilidad jurada para el sostenimiento del Gobierno, justificando al Congreso en la negativa de seguirles otorgando poder absoluto para rehusar los créditos que la vida de aquél necesita.

Ante esas razones, recomiendo una enmienda á la Ley Foraker previendo que, en aquellos casos en que la Asamblea Legislativa clausure sus sesiones sin aprobar los créditos necesarios para el sostenimiento del gobierno, se apropien de las rentas corrientes sumas iguales á las determinadas en años anteriores para funciones respectivas, autorizadas por libramientos expedidos por el Auditor contra el Tesorero y refrendados por el Gobernador de la Isla. Estatuto por el estilo rige en las Filipinas y el Havaii respecto de sus legislaturas, y ha evitado en esos dos países el abuso del poder de créditos.

La Cámara de Delegados envió á Washington un comité de tres personas y el Consejo Ejecutivo estuvo representado por el Secretario y un comité compuesto del Attorney General y el Auditor de la Isla. Puse ambas comisiones al cuidado del Secretario del Interior, y el informe de éste, con una carta del Gobernador Post y las exposiciones escritas de aquéllas, acompañan este mensaje.

Celebré una entrevista personal con la Comisión que representaba á la Cámara de Delegados, y le sugerí á sus miembros que si ese cuerpo aprobaba el bill del presupuesto, sin insistir en la aceptación por parte del Consejo Ejecutivo de los otros bills, enviaría á Puerto Rico un representante del Gobierno para hacer una investigación é informar por lo tocante á la legislación propuesta. Su ŕespuesta, que prueba no desear colocarse ellos en actitud conciliadora, la expresaron en esta forma:

Tomando en consideración el estado de cosas reinante en la Isla y el gran disgusto causado en ella por la intolerante disposición del Consejo Ejecutivo, y teniendo, además, en cuenta la absoluta resistencia de la Cámara á realizar acto alguno contra su propia dignidad y la dignidad del país, si á la Asamblea Legislativa de Puerto Rico se la convoca á sesión extraordinaria exclusivamente para aprobar el bill del presupuesto, opinan estos Comisionados que, á menos que el Consejo se disponga á aceptar las enmiendas de la Cámara, no se llegará á ningún acuerdo. Pero si en la orden citando á sesión extraordinaria se mencionan las reformas judiciales y municipales, y si el Consejo conviene en la supresión de los actuales jueces de paz para sustituirlos con jueces municipales en todos los municipios, como también dar autoridad á los ayuntamientos para llenar las vacantes que ocurran en las alcaldías y juzgados, tal como se determinan en los denominados bills municipales aprobados por la Cámara en su última sesión, entonces creen los Comisionados que se aceptarán sin dilación los bills de créditos en la forma en fueron presentados en el Consejo Ejecutivo.”

Puerto Rico ha sido la hija favorita de los Estados Unidos. La Soberanía de la Isla fué traspasada en 1898 á los Estados Unidos con el pleno consentimiento de sus habitantes todos.

De acuerdo con la ley, todas las contribuciones internas y de aduanas se entregan al tesoro de Puerto Rico para el sostenimiento del Gobierno insular y del otro lado los Estados Unidos pagan de su propio tesoro los gastos exigidos por el ejército local, que entraña el conjunto del Regimiento de Puerto Rico, los guarda–costas, el servicio de faros, la demarcación de costas, mejoras de puertos, mantenimiento del hospital de marina, déficit del servicio postal, oficina meteorológica y el sostenimiento de las estaciones agrónomas.

Inmediatamente después de efectuarse el cambio de soberanía un ciclón destruyó gran parte de las fincas de café en Puerto Rico, y con ese motivo se invirtieron $200,000 del tesoro de los Estados Unidos con el objeto de comprarles alimentos a las víctimas del fenómeno. Velan por el orden público en la Isla 700 policías y reina la tranquilidad más completa.

Antes de la ocupación americana el 87 por ciento de los puertorriqueños eran analfabetos, y no había en esa Isla de un millón de habitantes un sólo edificio construido para dedicarlo á instrucción pública, alcanzando el número de educandos en las 551 escuelas existentes en aquel entonces á solo 21,000. Se encuentran hoy allí 160 edificios destinados á ese propósito, y el número de alumnos asistentes á los 2,400 planteles de enseñanza llega á 87,000. El año anterior al cambio de soberanía se gastaron en instrucción pública $35,000 oro, y bajo el actual gobierno se invierten con ese fin un millón de dollars anuales.

Cuando los americanos tomaron posesión de Puerto Rico existían 172 millas de carreteras afirmadas. A partir de aquella evolución se han construído 452 millas más, principalmente en las montañas, formando hoy un total de 624 millas de carreteras admirablemente construídas y afirmadas, y tan buenas como cualquiera en el mundo.

Durante el curso de la administración de esta Isla los jefes sanitarios de los Estados Unidos descubrieron un padecimiento en forma de anemia tropical que tenía caracter epidémico y la originaba un microbio denominado “parásito heck.” Debilitaba de tal modo la energía de los enfermos y con tanta frecuencia producía la postración y la muerte, que se hizo necesario buscar el remedio poniendo en actividad amplio esfuerzo del gobierno. Me place declarar que 250,000 naturales del país, ó sea la cuarta parte del total de la población, han sido medicinados pagando el gobierno los gastos, llegándose al resultado de reducir la extensión y severidad de la dolencia, dominándola al cabo. Todos los habitantes de la Isla han sido vacunados eficazmente, y la viruela ha desaparecido.

Existe completo libre cambio entre Puerto Rico y los Estados Unidos, y fueron devueltos al tesoro insular en un total de cerca de $3,000,000 todos los derechos aduaneros impuestos en los Estados Unidos á productos puertorriqueños á raíz de la fecha de la evacuación española. Las pérdidas que la libre admisión de productos puertorriqueños origina á las rentas públicas de los Estados Unidos alcanza á $15.000,000. La riqueza de Isla depende directamente del cultivo en su suelo de la caña, tabaco, café y frutas, para los cuales son único mercado los Estados Unidos de América.

Sin nuestra protectora munificencia Puerto Rico estaría tan decaido como se encuentran algunas de sus vecinas las Islas de las Antillas. Antes de la ocupación americana en el finiquito comercial resultaba una diferencia contra la Isla de más de $12.500,000, y hoy presenta un exceso en su favor de $2.500,000. El total de las exportaciones é importaciones ha aumentado de $22.000,000, su conjunto antes de la invasión americana, á $56.000,000 en los días actuales. En la fecha del traspaso de la soberanía el valor computado de todas las tierras agrícolas era alrededor de $30.000,000 ; hoy el valor justipreciado de todas ellas se remonta á $100.000,000. Los gastos del gobierno antes de la ocupación americana sumaban $2.969,000 y los ingresos no pasaban de $3.644,000 ; en el ano de 1906 los ingresos alcanzaron á $4.250,000 y los egresos á $4.084,000. De los funcionarios civiles en el gobierno central 343 son americanos y 2,548 naturales de la Isla. Jamás hubo una época en la historia de la Isla en que fuese más alto el promedio de la prosperidad de los puertorriqueños ; en que sus oportunidades para levantarse hayan sido mayores, y en que estuviesen más seguras su libertad de pensamiento y acción.

Los representantes de la Cámara de Delegados declaran con insistencia en sus peticiones al Congreso y al público que, desde el punto de vista de un pueblo libre, el puertorriqueño se ve ahora sometido bajo la soberanía americana á la opresión politica y á un gobierno menos liberal que lo fué el español. Para demostrarlo aluden á la ley contenida en el decreto real da 1897, promulgado en Noviembre de ese año. El decreto contenía el gobierno de Puerto Rico y Cuba y, sin duda alguna, con él se daba un gran paso en el camino de la concesión de cierto género de autonomía al pueblo de ambas Islas. A los pocos meses de su promulgación surgió la guerra, y es imposible decir cuál hubiera sido su resultado en la práctica. Era un arreglo á guisa de ensayo, revocable á voluntad do la Corona, otorgando en su articulado autoridad al Gobernador General para dejar sin vigor todas las leyes aprobadas por las Legislaturas de las Islas hasta que fueran aprobadas ó desaprobadas en la nación, como también suspender discrecionalmente todas las garantías constitucionales de la vida, la libertad y la propiedad, que se supone son la base de la libertad civil y de las instituciones libres. La Legislatura insular no tenía poder para confeccionar nuevas leyes ó adicionar las existentes por las cuales se regían los derechos de propiedad ó la vida y la libertad del pueblo. La jurisdicción para aprobar esas leyes quedaba á cargo de las Cortes nacionales, y comprendía el conjunto de leyes modificadas porque se guiaba la herencia, distribución y traspaso de la propiedad y los contratos, gravamenes, derechos sobre bienes raíces, leyes notariales, leyes fluviales y da minas, código penal, civil, criminal, y administrativo, leyes orgánicas de ayuntamientos, ley electoral, código de comercio, etc., etc.

En contraste con todo eso, al amparo de la actual forma de Gobierno, la Legislatura de la Isla posee en la práctica todas las perrogativas de una comunidad americana y las garantías constitucionales para todos sus habitantes, y en vez de estar á merced de supensión por voluntad del Ejecutivo, están garantidos absolutamente por una ley del Congreso. El gran cuerpo de leyes sustantivas vigente hoy en la Isla, el código político, civil y criminal, los códigos de procedimiento político, civil y criminal, las leyes de rentas, municipal, electoral, de franquicias, instrucción pública, policía, obras públicas y otras de esas índole, han sido confeccionas por el pueblo de esa Isla, ya que, á menos que no reciban la sanción de la Cámara Baja de su Legislatura, no podrán incluirse ninguna de ellas en la colección de leyes. Ni en un solo caso intervino el Congreso de los Estados Unidos para anular ó depurar leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa. Es esta la primera vez en la historia de Puerto Rico que la Isla vive bajo la protección de leyes confeccionadas por su propia Legislatura.

Resulta, pues, ocioso comparar el poder político de los puertorriqueños bajo la influencia del decreto real de 1897 — cuando su capacidad para ejercerlo en beneficio propio no se probó nunca en realidad — con el que disfrutan ahora rigiendo la Ley Foraker. La cuestión que se nos presenta delante es la de si su comportamiento desde la adopción de la Ley Foraker no demuestra la necesidad de retirarles el absoluto poder otorgádoles por ella á la Asamblea Legislativa para votar créditos, teniendo en cuenta que la Cámara de Delegados, como rama coordinada de esa Asamblea, se manifiesta propicia y ansiosa de emplear ese poder absoluto, no en el sentido de apoyar y mantener el gobierno, sino con la tendencia de imposibilitarlo totalmente. Si los puertorriqueños desean un cambio en la Ley Foraker es este asunto de la incumbencia del Congreso, subordinado, por supuesto, al efecto que una alteración de ese género haga en el progreso político verdadero de la Isla. Un cambio de esa naturaleza solo se consigue en forma ordenada, y no se presenta á la atención del Congreso paralizando el brazo del Gobierno existente. No abrigo duda que los términos de la ley fundamental vigente son susceptibles de modificación ; sobre todo, en lo que se refiere al deslindamiento de algunos de sus estatutos aludiendo á la respectivas atribuciones del Consejo Ejecutivo y la Cámara Baja, y sugiero al Congreso la conveniencia de someter al juicio de los comités correspondientes el asunto de la revisión. Pero no deberá afrontarse labor alguna de ese alcance hasta que, por enmienda especial de la Ley Foraker, se prive de la autoridad absoluta de la disposición de los créditos á aquellos que se han revelado demasiado irresponsables para su disfrute.

En el anhelo de ciertos de sus leaders por la consecución de poder político, los puertorriqueños han olvidado la generosidad de los Estados Unidos en sus relaciones con ellos. Esto no debe ser motivo de sorpresa, como tampoco al tratar con un pueblo entero deberá servir de pie para la acusación de ingratitud. Al afrontar nosotros, con el consentimiento del pueblo de Puerto Rico, la tutela y el encauzamiento de sus destinos, debemos tener en cuenta que no era do esperarse que un pueblo al cual se le habían facilitado tan pocas oportunidades para educarse, pudiera, con seguridad, ejercer el pleno dominio del gobierno propio, y la presente contingencia es solo indicación de que hemos procedido con demasiada rapidez en la concesión á los puertorriqueños, para su propia conveniencia, de poder político.

El cambio recomendado acaso no convenza inmediatamente á los que ejercen el dominio en la Cámara de Delegados de la equivocación cometida lanzándose al extremo á que han acudido con miras políticas ; pero á la larga resultará en el ejercicio más cuidadoso, y consciente de su responsabilidad del poder disfrutado.

No se ha exteriorizado en este caso la más ligera prueba de que el Gobernador ó miembro alguno del Consejo Ejecutivo se dispusieran á usurpar atribuciones, ó á negar su aprobación á leyes que tuviesen por norte la defensa de los intereses de la Isla, ó de falta de simpatía con las mejores aspiraciones del pueblo puertorriqueño.

WILLIAM H. TAFT.

La Casa Blanca, Mayo 10 de 1909.”

Como apéndices al Mensaje se remitió al Senado la carta escrita por el Gobernador Post al Secretario del Interior el 17 de Marzo, el informe de dicho Secretario al Presidente, y las cartas de los Comisionados de la Cámara y del Consejo á Mr. Ballinger, Estos últimos documentos aparecen en las páginas 96 y 105 de esta obra. Los otros van á continuacion.

Casa del Gobierno.
Puerto Rico Marzo 17, 1909.

Señor:

El martes, 16 de Marzo, advertí á usted por cable que la Asamblea Legislativa de Puerto Rico había levantado sus sesiones sin aprobar el presupuesto, y el 17 de Marzo, en respuesta á su cable le manifesté que la Cámara baja había sometido la aprobación del presupuesto á la contingencia de que fueran aprobadas ciertas leyes de la Cámara que el Consejo no quería aceptar.

Sin entrar en muchos detalles, la causa que determinó este paso de la legislatura, fué la siguiente: La Cámara baja fué electa enteramente por un solo partido, habiendo copado los unionistas en los siete distritos. El mismo día que se reunió la legislatura, se sabía con seguridad que cierto elemento de la Cámara baja deseaba tomar actitudes radicales, y en una reunión privada que hubo el segundo día de las sesiones, antes que el Consejo tomara medida alguua en ningún proyecto de ley, se presentó una resolución por estos radicales con el fin de que la Cámara se abstuviese de legislar, como protesta contra el régimen actual de gobierno. La resolución fué derrotada por cerca de 25 votos contra 9, y se adoptó otra resolución de que no había llegado el momento de tomar tal medida, demostrándose que otros miembros deben hallarse dispuestos á considerar tal proposición.

Continuaron las sesiones y ambas Cámaras pasaron un número de proyectos de ley, pero solamente dos ó tres vinieron ante mí para ser firmadas antes del sexuagésimo día de la legislatura. Debo explicar á usted, que hasta el presente ha sido la costumbre de la legislatura dilatar toda acción en la mayor parte de las leyes hasta los últimos días de la sesión, parar el reloj á las doce menos cuarto de la noche del último día y continuar en sesión permanente hasta terminar todos los asuntos de la sesión. Esta ficción legislativa da resultado cuando ambas Cámaras y el Gobernador la consienten, pero, desde luego, no puede tener lugar desde el momento que cualquiera de las dos casas ó el Gobernador se oponga á ello.

A las once y treinta de la noche del once do Marzo, el último día, yo tuve informes fidedignos de que los radicales de la Cámara se preparaban para obligar á levantar la sesión á las doce de la noche. Pocos momentos después tres leaders de la Cámara Baja, y el Secretario y el Attorney General del Consejo me visitaron y me manifestaron que había una porción de proyectos de ley, entre ellos el presupuesto, que todavía estaban pendientes de aprobación y sobre los cuales ellos creían que ambas Cámaras se pondrían de acuerdo, si tuvieran tiempo para ello, y me pidieron que convocara á una sesión extraordinaria. Como en todo caso éste era mi propósito, yo consentí á lo que se me proponía, y á las doce se levantó la sesión de la legislatura y convoqué inmediatamente para la sesión extraordinaria, para las diez de la mañana del día siguiente.

Debo manifestar á usted también, que he estado en constante comunicación con el Sub Secretario, Winthrop sobre la situación aquí, y que le he explicado que no me pareció bien hacer ningún informe oficial, hasta que algo hubiera ocurrido, pero que yo temía iban á suscitarse dificultades en el presupuesto, y deseaba que él conferenciase, sin caracter oficial, con Mr. Garfield sobre lo que se haría. Yo estaba decididamente en contra de que el Congreso, en su sesión ordinaria, tomara acción alguna, estando reunido ahora en sesión extraordinaria, y Mr., Winthrop estaba conforme conmigo de que no sería sabio que el Congreso se anticipara á tomar ninguna medida en cuanto á la legislatura puertorriqueña, pero que si llegáramos á los últimos extremos, entonces habría que recurrir á la sesión extraordinaria del Congreso.

A las diez del viernes, día doce, se reunió la sesión extraordinaria, y yo le dirigí un mensaje que permitía la consideración de aquellos proyectos que la Cámara y el Consejo parecían desear con más empeño, y también advertí á la legislatura informalmente, que la sesión especial del Congreso empezaría el día quince, y que debían llegar á un acuerdo antes de esa fecha, porque de lo contrario se llegaría á la intervención del Congreso. La legislatura trabajó viernes y sábado y levantó sus sesiones hasta el próximo lúnes.

El domingo 14 se llevó á cabo una Asamblea general de delegados del partido Unión de toda la Isla á la cual asistieron los delegados á la Asamblea. Se pasaron varias resoluciones sobre la marcha política del partido, en sesión secreta.

El lúnes la actitud de la Cámara era más inflexible, hasta llegar al punto en que rehusaron pasar el presupuesto á menos que el Consejo aprobara ciertas leyes, á lo cual resistíase éste. El lúnes por la tarde recibí un cable de Mr. Winthrop preguntándome si el presupuesto había sido aprobado en la sesión extraordinaria. Entonces notifiqué verbalmente á los leaders de ambas Cámaras que si á la media noche no había sido aprobado el presupuesto yo cablegrafiaría á Washington pidiendo acción de parte del Congreso.

La Cámara, permaneció firme en su actitud y á las tres de la mañana existía un absoluto conflicto (deadlock) y los leaders de ambos cuerpos estaban convencidos de que no era posible llegar á un acuerdo y levantaron la sesión sin pasar el presupuesto.

El Secretario Willoughby, Presidente del Consejo Ejecutivo, Mr. Hoyt, attorney general, y Mr. Ward, auditor, van á Washington eu el vapor que lleva esta carta, y darán á usted los detalles de lo ocurrido entre ambas Cámaras.

También deseo referirle á mi correspondeacia personal con el Hon. Beekman Winthrop, á quien he tratado de tener advertido de la situación.

Tengo el honor de ser, Señor,

Su obediente servidor.

(Firmado) REGIS H. POST,
Gobernador de Puerto Rico.

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Señor Secretario del Interior,
Washington, D. C.

Departamento del Interior.
Oficina del Secretario.

Washington, D. C. Marzo 30, 1909.

Señor:

De acuerdo con las instruoclones que me fueron dadas por su Excelencia, tengo el honor de someter á su consideración el siguiente informe respecto de las presentes dificultades legislativas de la Isla de Puerto Rico.

Después de tres conferencias sobre este asunto, primero con los representantes del Consejo Ejecutivo, después con los representantes de la Cámara de Delegados, y luego con ambas comisiones conjuntamente, mi conclusión es que las diferencias son irreconciliables, y en gran modo fundamentales. Esto es, los representantes del Consejo Ejecutivo señores Willoughby, Hoyt y Ward, respectivamente Secretario, Attorney General y Auditor del Territorio, comparecieron con la intención de obtener legislación adicional por el Congreso para prevenir la falta de autoridad para asegurar rentas para la Isla durante el año próximo á causa de no haber la legislatura hecho apropiaciones con este objeto. En la última sesión de la legislatura hubo un conflicto (deadlock) en cuanto la Cámara de Delegados declinó aprobar el presupuesto anual, á menos que el Coneejo Ejecutivo aceptara la adopción de ciertas medidas dando mayor autonomía á las municipalidades y mayor representación popular en la administración de la Isla. La legislatura fué convocada en sesión extraordinaria por el Gobernador con el mismo resultado, á saber, la falta de acuerdo entre ambas ramas sobre dichas medidas. En la conferencia habida ante mí con los diferentes representantes se vió clararamente que, dada la situación, ora imposible una transación por los siguientes motivos:

La actitud de la Cámara de Delegados parece haber sido resistirse á pasar ninguna ley de apropiaciones, excepto la preparada por ella conteniendo enmiendas que el Consejo Ejecutivo no podía aceptar, á menos que el Consejo no accediese á aprobar los siguientes proyectos de la Cámara:— Un proyecto de ley organizando la Isla en condados; un proyecto de ley estableciendo escuelas industriales, un proyecto de ley estableciendo un banco agrícola, y otros tendentes al gobierno propio, como la elección de alcaldes, concejales y jueces por el voto del pueblo, en vez de ser nombrados por el gobernador, y otro dando alguna representación á los contribuyentes en la tasación de sus propiedades, y otros sobre educación.

Después de oir ambas comisiones manifesté que me parecía absolutamente necesario dividir la cuestión en dos partes:

  1. Las cuestiones del presupuesto.
  2. Las leyes de gobierno propio.

Manifesté así mismo que era impropio, desde un punto de vista administrativo, contrabalancear una cuestión contra la otra, y que semejante conducta de la Cámara de Delegados traería, necesariamente un conflicto como el que ha resultado, por cuanto la extensión de mayores poderes de gobierno propio era una cuestión de principios y de política gubernamental, y no podía considerarse como de la misma clase que una ley de apropiaciones para el año fiscal ; que yo recomendaría, en vista da la legislatura no haber provisto fondos para sostener el gobierno, que se enmendara el acta orgánica para que automáticamente proveyera en casos como éste una suma igual á las sumas apropiadas en el año último y para los mismos fines, hasta que obrara la legislatura, de igual manera que existe en Filipinas y el Hawaii. Yo creo que tal enmienda debe prepararse y someterse al Congreso en la presente sesión extraordinaria.

Yo recomiendo respetuosamente, que en vista de las anormales condiciones de la Isla en cuanto á estos asuntos, se comisione á una persona discreta y competente para que visite la Isla é investigue la capacidad del pueblo insular para mayor cantidad de gobierno propio, y que sobre su informe se tomen las medidas que correspondan.

Acompaño la correspondencia y alegato que se me han presentado.

Muy respetuosamente,

R.A. Ballinger,
Secretario.

Al Presidente.

Una vez el mensaje en el Congreso, compareció el señor Larrínaga ante el Comité correspondiente, donde hizo el informe que copiamos:

Sr. Presidente: No me propongo extenderme mucho en relación con este Proyecto de Ley, pero deseo llamar la atención del Comité hacia el hecho de que todas las recomendaciones del Presidente parecen basarse en las manifestaciones y en los datos suministrados por estos caballeros, aquí presentes : los señores Willoughby, Secretario de Puerto Rico ; Hoyt, Attorney General y Ward, Auditor.

Personalmente, no tengo nada que decir contra dichos señores. Dos de ellos, el señor Willoughby y el señor Ward, son amigos míos ; y en cuanto á Mr. Hoyt, he de decir que aún no he tenido el placer de conocerle, porque solo hace un año, más ó menos, que reside en Puerto Rico y yo he estado ausente de la Isla casi todo ese tiempo.

Los hechos que particularmente deseo exponer ante la consideración del Comité son : que estos caballeros son parte interesadas en la cuestión pendiente, y, por lo tanto, su opinión no puede considerarse imparcial bajo ningún concepto ; porque además de la excitación moral originada por las discusiones y el rozamiento enojoso que prevalecía durante la Cámara de Representantes, existe el interés personal y directo de cada uno de estos caballeros, en oponerse á cualquier concesión, á cualquier medida liberal, que tienda á aumentar las escasas facultades del Pueblo de Puerto Rico, y, por consiguiente, que podría resultar en la pérdida de sus empleos burocráticos. Estos Caballeros, ó los amigos á quienes representan, que viene á ser igual, han estado llenando las columnas de la prensa de este país, en estos últimos días, con los escritos más disparatados acerca de nuestro pueblo.

Sr. Presidente: El número de artículos injuriosos reproducidos en casi todos los periódicos de los Estados Unidos, que tengo en el pupitre de mi oficina, forman un montón colosal. En ellos se nos llama “una raza salvaje” “un pueblo degenerado” y “una gente incapaz de gobernarse por sí misma”, etc., etc. ¿Podrá, entonces, la opinión de estos caballeros, tal como ha sido dada al Presidente, admitirse como infalible y suprema?

Bajo otro aspecto del asunto, puede verse que la Cámara de Delegados no recibe sueldo remunerativo, sus miembros no tienen interés personal de ninguna clase en el asunto y sólo trabajan por el bien general del país. Aquellos que son agricultores tienen que abandonar sus plantaciones precisamente en tiempos de cosecha, para atender á sus deberes legislativos. Los profesionales tienen que dejar también sus bufetes durante todo el tiempo que trabaja la legislatura.

Existen 35 delegados en la Cámara de Representantes, y voy ahora á tener el gusto de leer ante el Comité esta lista de sus miembros, para así poderle dar una idea de lo complejo que resulta dicho cuerpo:

CÁMARA DE DELEGADOS

Hacendados y Agricultores.— Aboy Benitez, Ramón ; Aponte, José F. ; Delgado, Ramón H ; Giorgetti, Eduardo ; Lluveras, José F. ; Oppenheimer Van Rhyn, Santiago ; Virella, Valeriano ; Vivoni, José A.

Abogados. — Acuña Aybar, Eduardo; Aldrey, Antonio ; Arrillaga Urrutia, Rafael : Benitez Castaño, Eugenio ; Canales, Nemesio ; Coll Cuchí Cayetano ; Coll Cuchí, José ; Diego, José de (Speaker); Diaz Navarro, Herminio ; Llorens Torres, Luis ; Matienzo Cintrón, Rosendo ; Santoni, Félix ; Soler, Carlos María ; Tizol, José de Jesús ;

Directores de Periódicos. — García Ducós, Juan; Muñoz Rivera, Luls ;

IIacendados de Café. — Caballero, Celso ; Coira, Francisco ; Solá, Juan Mauricio ; Trelles, Vicente ;

Agricultores. — Acosta Marquez, Enrique ; Domínguez Gomez, Celestino ; López Díaz, Ernesto ;

Propietarios. — Elzaburu, José de ;

Representantes de la Clase Obrera. — Mercader, Carmelo ; Rosado, Lino Rosario ;

Permítaseme, además, llamar la atención del Comité hacia el hecho de que entre los señores mencionados hay muchos do vasta ilustración ; ingenieros civiles unos ; doctores otros ; la mayor parte de ellos educados en las más reputadas universidades europeas y americanas ; hombres, en fin, que en su mayoría han viajado bastante para conocer el mundo : y, sin em bargo, la opinión de estos caballeros no se toma en consideración ; se les niega todo crédito á su versión en el asunto y se les desconoce por completo, á pesar de ser contribuyentes, cuyo dinero representa el verdadero argumento de este litigio legislativo, hecho importantísimo, que también parece ignorarse.

Señor Presidente : Los hechos presentados por el Presidente vienen á concretar prácticamente los argumentos bajo el punto de vista que estos caballeros tienen del asunto. El lado opuesto de la cuestión se ha presentado á ustedes en un folleto que indudablemente habréis recibido ; así es que resultaría ocioso repetir sus palabras. Ahora sólo deseo llamar la, atención de este Comité al espíritu despótico que anima al Consejo Ejecutivo, inclinado siempre á reasumir en si todos los poderes y dominar al país en la forma más tiránica posible. Y este deseo se hace patente precisamente en estos instantes, en que acabáis de oir al Attorney General tratando de enmendar el proyecto de Ley del Presidente en un modo más restrictivo todavía. Este señor encuentra el Proyecto de Ley aun demasiado liberal, diciendo que dá excesivas facultades á la Cámara de Delegados. Expresa, también, dicho señor, que la Ley Foraker es muy defectuosa, puesto que en varias de sus secciones no determina con claridad que el Consejo Ejecutivo tenga poder absoluto para dirimir todas estas cuestiones, cosa que según él afirma, interpretaría fielmente el verdadero espíritu de la ley. Al Attorney General le gustaría un Proyecto de Ley que ahora y siempre pusiese en las manos del Consejo Ejecutivo el dinero del pais, sin ninguna clase de intervención por parte del contribuyente. Este bill, señor Presidente, tal como viene redactado por el Presidente, si llega á ser ley y estoy seguro que lo será, quitará de las manos del Pueblo de Puerto Rico el último resíduo de sus derechos y sustituirá la ley más opresiva que se ha dictado en estos tiempos á un pueblo civilizado.

He de llamar también la atención de este Comité acerca del aserto hecho por el Secretario, señor Willoughby, quien dice que el derecho de aprobación del presupuesto, que actualmente posee la Cámara, ha sido una fusta que han esgrimido contra el Consejo Ejecutivo año tras año.

Señor Presidente ; Aún admitiendo que la Cámara de Delegados haya blandido ese instrumento, siempre ha resultado inútil é inofensivo. El Presupuesto formado por el Consejo Ejecutivo so ha forzado siempre en la Cámara de Delegados, dándose el caso de que ningún proyecto so ha hecho ley, que no haya obtenido con anterioridad la aprobación de los señores del Consejo, en todos sus aspectos. La única fusta usada, y una más grande y efectiva, por cierto, ha sido la que ha venido esgrimiendo el Consejo Ejecutivo.

Con ella amenazaban á la Cámara de Delegados año tras año. Esa fusta era la eterna y constante amenaza de recurrir al Congreso, para que quitase el derecho de aprobación del Presupuesto á la Cámara de Delegados y de ese modo probar nuestra incapacidad para gobernarnos. Llegando muchas veces á tener el cinismo de decirnos que mientras más pronto llegáramos al convencimiento de que no éramos más que meras figuras decorativas en la legislatura, con más rapidez se despacharían todos los asuntos.

El temor de que á Puerto Rico se le representase equivocadamente ante el Congreso y el pueblo americano, ha impedido año tras año á la Cámara de Delegados resistir con firmeza los obstáculos que le opone el Consejo Ejecutivo ó de hacer un esfuerzo para asegurar sus derechos.

La presión de la opinión pública ese año Con el fin de poner término á este estado de cosas, era tan fuerte y tan urgente que la Cámara de Delegados, obedeciendo á indicaciones del Gobernador, hizo varias reducciones en el presupuesto y no pudo ceder ante las exigencias del Consejo Ejecutivo. Este procedimiento lo han condenado estos señores del Consejo, como una tendencia de parte de nuestro país, para tomar en sus manos el gobierno de sus propios intereses. Si tal cosa, señor Presidente, ha llegado en estos tiempos á ser un crimen, nosotros nos declaramos culpables.

Es imposible traer á esta obra todos los comentarios de la prensa americana y puertorriqueña sobre el mensaje presidencial. Algunos periódicos norte–americanos lo defendieron, otros, más en número, lo atacaron. La prensa puertorriqueña, con excepción del periódico El Tiempo, de San Jnan, órgano republicano, protestó con indignación del lenguaje insultante y de la falsedad de los hechos del mensaje.

A continuación van los comentarios de La Democracia, escrito por el señor Muñoz Rivera, y que representan fielmente el sentir del partido uuionista puertorriqueño :

Estaba previsto.

Cuando la Cámara rehusó admitir las imposiciones del Ejecutivo y afrontó la ruptura, sabían todos los representantes que, como el país no puede administrarse sin presupuesto, y como el presupuesto no se aprobó, y como el Congreso es la única autoridad para resolver el problema, el Congreso aplicaría una de estas fórmulas:

1 — Investir al Consejo de facultades que le permitan hacer el presupuesto sin que la Cámara, intervenga.

2 — Enmendar el acta Foraker en el sentido de que, siempre que la Asamblea legislativa no apruebe un presupuesto, continúe vigente el anterior.

3 — Votar una resolución, en igual sentido, aunque limitándola á las presentes circunstancias, ó sea al presupuesto de 1908–1909, que seguirá vigente on 1909–1910.

Si la Cámara no hubiera sabido esto, fácil le fué aprenderlo en el despacho del Gobernador y en la entrevista que allí celebraron los señores de Diego y Muñoz Rivera con los señores Willoughby y Hoyt. El Gobernador anunció entonces que el Congreso actuaría según le invita á actuar hoy el Presidente Taft.

La Comisión fné á Washington. Y oyó de labios de Mr. Ballinger, de Mr. Winthrop, de Mr. Depew, y de otros hombres políticos, el anuncio de este mensaje. Era una amenaza pueril. La Comisión respondió invariablemente, que el derecho de la Cámara solo existiría de una manera nominal, desde el punto mismo en que no se le tolerase introducir enmiendas en los bills de presupuestos del Consejo ; que si se obligara á la Cámara á someterse ahora quedaría inútil para resistir en adelante, y que los puertorriqueños prefieren un franco despotismo á un despotismo hipócrita, oculto bajo la máscara de una libertad mentirosa

No ignorábamos, pues, lo que iba fraguándose en la Casa Blanca, en la subsecretaría de Marina y en el Comité de Puerto Rico en el Senado.

Hoy viene el mensaje aconsejando la solución más suave: la de que rija el presupuesto actual. Y si do ello no más se tratara, no comentaríamos el documento que nos ocupa y que— entiéndase bien—no nos preocupa.

Mr. Taft reduce su recomendación á prolongar la vigencia de un presupuesto. Sea : ya la Cámara verá de qué suerte responde á sus altos fines en cercano porvenir.

Pero Mr. Taft no se limita al presupuesto, sino que intenta ofender á la Cámara y defender al Ejecutivo. Lo intenta, decimos, por que, en verdad, la ofensa no resulta contra nosotros, sino contra el propio Mr. Taft que, desde su solio inviolable, nos injuria sin motivo y á mansalva. Con la reserva de que el cable refleje ó nó de un modo exacto los períodos del mensaje, nosotros declararemos que, si en el fondo aguardábamos estas cosas ó cosas peores, en la forma, juzgando por nuestra cultura la cultura agena, esperábamos que el Presidente acudiera á distintos arsenales en busca de sus armas. Agredir á un pobre pueblo indefenso, y agredirle por el delito de perseguir un régimen más amplio y más digno, en realidad no nos parece gloria muy envidiable. Si Mr. Taft se conformara con ella, habría que reconocer cuando menos su modestia ejemplar. Es una gloria demasiado triste.

Por lo demás, nosotros tampoco ignorábamos que ante él había un dilema estricto y que se hallaba en el caso de elegir entre estos dos términos:

— Reconocer la lógica del movimiento de la Cámara, ofrecer satisfacciones á la Isla y dar por fracasada la Administración.

— Proclamar la razón del Ejecutivo, acusar sin escrúpulos á la Isla y dar por fracasada la gestión popular.

Un grande hombre, un hombre de esos cuya talla moral é intelectual sobrepasa el nivel corriente de las cabezas humanas, habría visto la luz en el caos de afirmaciones antitéticas y pronunciaría hoy el FIAT JUSTIAE ET RUAT COELUM de los antiguos Césares. Era preciso sacrificar el orgullo administrativo. Era indispensable colocarse junto á la colonia é impulsarla ; junto al débil y apoyarle..

Mr. Taft no está á esa altura. Y no nos ocurre motejarle con rudos epítetos. No es suya la culpa si la naturaleza, dotándole de un extraordinario volumen físico, no le dotó á la vez de un extraordinario volumen encefálico.

Entre los dos términos del dilema, el Presidente de los Estados Unidos optó por el segundo. Y atacó á la Cámara y acusó al país, y se dejó caer hacia la reacción tiránica, porque no tenía ningún otro camino ; porque solo arrojando sobre nosotros la responsabilidad, le era dable levantarla de los hombros del Ejecutivo.

Sin duda alguna había faltas y errores en el litigio pendiente. Ó los cometió la Cámara ó los cometió el Consejo. Si los cometió la Cámara, no pierde su prestigio la administración: si los cometió el Consejo, la administración viene á tierra en el estruendo de un fracaso.

Mr. Talft se coloca á la espalda del Consejo. El sitio no resulta airoso: pero quizá el Presidente estima que corresponde así á la solidaridad de unos americanos respecto de otros americanos.

Allá él : antes hemos dicho que sus palabras “no nos preocupan.” El Congreso las atenderá en lo inmediato ; en lo que atañe al presupuesto. Y en lo que toca á la restricción que Mr. Taft recomienda para el Acta Foraker, el Congreso tratará este asunto en la sesión de 1910. Faltan ocho ó diez meses. Y lloverá bastante para borrar muchas huellas y fecundar muchos gérmenes.

Puerto Rico, resignándose á una esclavitud injusta, se deshonraría. Sólo deprime la servidumbre aceptada. La servidumbre contra la cual se alza una rebeldía inteligente, noble y firme, enaltece al siervo y envilece al señor.

Puerto Rico hará su deber.

Decíamos ayer que el mensaje, en el fondo, en sus recomendaciones al Congreso, estaba previsto por nosotros y anunciado una y otra voz por la Comisión de la Cámara. Ya conoce el público las notas semanales de esa Comisión para la prensa, enviadas con absoluta regularidad desde Washington. Ahora damos copia de diversos períodos que se encuentran en las cartas oficiales, confidenciales, que la Comisión envió cada semana á la Junta Central.

En estos períodos se verá que la Junta Central y la Comisión preveían punto por punto el mensaje del Presidente y las soluciones del Congreso. Y se verá también de qué modo, en la intimidad, se expresaban los representantes de la Cámara.

Carta del 25 de Marzo :

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“No se debe adelantar ningún juicio, pues en verdad no existen datos que permitan fundarlo. Pero no nos sorprendería que el Presidente y el Congreso, trataran de cumplir la amenaza del gobernador : es á saber, que se autorice la vigencia del presupuesto actual, durante el año econóraico de 1909 á 1910.

Si tal se intentase, lucharemos por evitarlo. Y si no lo evitáramos, lucharemos porque se escuche la voz de Puerto Rico, en protesta. Aún en ese caso, que es el más favorable, nos esforzaremos para que Puerto Rico salve su dignidad y su derecho.

Según lo que hasta hoy llevamos entendido, los señores Willoughby y Hoyt presentan al Consejo como amenazado por la Cámara con la no aprobación del presupuesto. Y ahí se parapetan, apelando á la solidaridad entre americanos y americanos. Si ello prevalece, y nosotros pugnamos porque no prevalezca, se nos sacrificará sin duda á la exigencia del orgullo nacional, que no consiente una coacción, sobre todo, á la gente débil y pobre, que somos nosotros.”

Carta del 1° de Abril :

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“En lo demás de la entrevista, se vió siempre al Secretario Ballinger caer del lado de los Consejeros, sin descubrirse por completo, aunque sí lo bastante para revelarnos su pareialidad. Ya cerca de terminar, después de dos horas de lucha, nos advirtió que expresaría su opinión al Presidente, de que el asunto debe ir al Congreso en un mensaje en que se proponga la vigencia del presupuesto actual en el año próximo de 1909–1910.

La Comisión de la Cámara respondió : que sería un acto de fuerza de que Puerto Rico, débil, no podría resistir ; que Puerto Rico, digno, protestaría, y que mayores dificultades eran de preverse para el porvenir, á causa de las injusticias que contra Puerto Rico se cometen.

Entonces el Secretario rectificó hasta cierto punto, y dijo que trasladaría el resultado de la conferencia al Presidente, aconsejándole, que llamase á los Comisionados de Puerto Rico, y con ellos buscase una solución á las dificultades presentes.

Así terminó ese juicio de Dios.

La Junta Central formará, por sí el concepto que su perspicacia le inspire. Nosotros formamos el de que el gobierno Central nos abandona, teniendo que combatir Puerto Rico sin grandes esperanzas, ya que el Congreso y el gobierno son una misma cosa en la política de estos momentos.”

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“Cerrando nuestro informe de hoy es preciso consignar que estimamos los sucesos con mayor pesimismo que en nuestra carta precedente y que consideramos inevitable la acción del Congreso, por virtud de una JOINT RESOLUTION, que no nos dará, campo para plantear íntegra la cuestión del régimen, sino que se circunscribirá á la cuestión del presupuesto.

“Juzgamos patriótico que la Unión se disponga á nuevas campañas.

“Si estas se mantienen con vigor y sin timidez, los que no quieren escucharnos, nos escucharán. Y no se ganó Zamora en una hora. La Ley Foraker, como las rocas seculares, ha menester mucho barreno y mucha pólvora.”

Carta del 9 de Abril:

“Libramos, señor y amigo nuestro, un combate desigual: nosotros inermes y nuestros enemigos armados con el arsenal de sus influencias y de sus recursos. Entiéndase que no se refieren estas palabras á enemigos residentes en la colonia, sino á enemigos residentes en la metrópoli, que con los otros se identifican y que mantienen la solidaridad por los vínculos de común orígen y de recíprocos intereses. Acá y allá todos son unos los politicians y todos actúan contra la Cámara de Puerto Rico y la Comisión, que habla en su nombre con firmeza y dignidad.

“No desmayaremos por eso. No decae el noble impulso que nos llevó á bordo del Caracas y nos trae al Capitolio en busca de justicia. Vamos adelante, remontamos la corriente y nos sentimos seguros de nuestra labor, que si en el presente enfrena al gobierno y le obliga á buscar subterfugios, en un cercano porvenir resultará decisiva para la reforma del Acta Foraker.”

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En caso de que esa opinión se formule en formas adversas al Ejecutivo, irá inevitablemente el problema al Congreso. Y se nos promete oir á la Comisión, por más que en promesas de tal índole no confía la Comisión, que de labios del Senador Depew, Chairman del Comité “Pacific Islands and Porto Rico” oyó la afirmación neta y clara de que el Congreso no entraría en ese negocio, y de labios del mismo Senador á las cuarenta y ocho horas oyó la, afirmación precisa y ruda de que el Congreso “autorizaría al Tesorero de Puerto Rico para pagar los gastos comprendidos en el presupuesto actual, para idénticos servicios en el año venidero.”

“Aún puede alimentarse una débil esperanza en que el Congreso, trabajado por tendencias distintas, se niegue á considerar un mensaje del Presidente. Es cosa que, si se realiza, equivaldría á un milagro de mecánica, como si una fuerza de cien libras derribase una construcción de cien mil toneladas.

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Tal la situación que la Junta Central juzgará con su alto criterio. No existe la menor duda de que el gobernador de la Isla apoya á sus secretarios de despacho, ni de que el gobierno federal apoya á sus secretarios y al gobernador. La hostilidad nos rodea. No por sorda y sutil, deja de manifestarse enérgica en el fondo y evidente á nuestra perspicacia. No contamos con la neutralidad de nuestros jueces : luchamos con su parcialidad hipócrita. Y hasta tememos que el juez Rodey y los consejeros Willoughby, Hoyt y Ward, luego de injuriar á la Cámara, se encuentren sostenidos en sus puestos, colocándose así las autoridades en franca pugna con el pueblo que escarnecen. Y aunque elementos serios de aquí nos aseguran que á este juez Rodey se pedirá la renuncia, tampoco tenemos fe en el dato que nos suministran, por mucbo que la lógica tienda á confirmarlo. De todas maneras, la Comisión cree que va logrando un éxito superior á sus esperanzas. Mover, como ha movido, la prensa : despertar en el público vivo interés ; lograr que el gobierno se preocupe, que el gabinete se reuna varias veces, que busque una interpretación legal temeraria y despótica del Acta Foraker : que vacile en acudir al Congreso ; hacerse oir de los comités en el Senado y en la Casa Baja; tener en jaque á una administración poderosa, nos parecería un sueño, sino lo palpáramos en una realidad tangible y consistente.

“Contra nosotros se resolverá de momento el litigio. Habrá un presupuesto, lo cual no nos perjudica. Y en ese presupuesto que se celebre sin el voto del país, irá envuelta la caida del régimen, que ya solo sabrá sostenerse en pie por la fuerza. Toca al país mostrarse á la altura de un patriotismo soberano, sin pensar en la más leve abdicación da sus derechos. Habrá pre supuesto, sí ; pero la situación de la Cámara adquirirá el prestigio de una lucha definitiva en la patria y por la patria. Y si cumplimos todos nuestro deber, Puerto Rico salvará su nombre de la ignominia y sacará á flote su libertad con lágrimas ó sin lágrimas, con sacrificios ó sin sacrificios. Es este el instante en que la historia nos manda escoger entre un dolor sobrehumano y una vergüenza infinita. Escogemos el dolor y corremos en busca del destino.

“La Comisión de la Cámara envía un abrazo á los patricios de la Junta Central.”

Carta del 16 de Abril:

“No es preciso añadir una palabra á las ya escritas sobre la consigna á que obedecen aquí los diarios de más vasta circulación. Estamos en realidad boicotizados. Al gobierno se le publica todo. A nosotros todo se nos admite, por ley de cortesía. Pero después, nada ó casi nada aparece. No nos extraña el procedimiento. La administración se defiende. Apenas se concibe que podamos luchar en tales condiciones. Luchamos y lucharemos en la esperanza, quizás en la certidumbre, de imponer nuestra justicia, ó de preparar, por lo menos, una nueva batalla decisiva en Diciembre.

“De los senadores, de los representantes, de los hombres políticos hemos de decir á ustedes, que nuestras tentativas iniciales, nuestras primeras entrevistas, son siempre un éxito. Ni uno solo deja de reconocer que nos asiste la razón y que el Congreso no nos atropellará. Luego consultan con sus grandes leaders, cambian de actitud y nuestra segunda entrevista se desenvuelve sobre el plano de una resistencia urbana, ó de un propósito de presión moral que rechazamos. Nuestra convicción es esta: “La máquina funcionará y nos triturará, si nos dejamos triturar,” Somos pequeños, pero somos duros. Y no pasamos facilmente por el esófago de ningún pez, así tenga las dimensiones de un cetáceo.

Ya se ha visto, pues, como á la Junta Central no podía sorprenderla el mensaje del Presidente.

Y mucho menos á la Comisión de la Cámara, que lo vió venir, que lo anunció con franqueza y que aconsejó el único procedimiento digno de un pueblo que no quiere morir de vergüenza: la virilidad y la energía.

Dimos el primer paso ; empeñamos la primera batalla y marchamos, marchamos siempre. Que tengan miedo los que disfrutan beneficios, los que aguardan recompensas, los que por un salario se resignan á la vil condición de esclavos agradecidos. Nosotros no nos achicamos, ni nos arrepentimos. Sabemos que el Triunfo de la UNIÓN, ahora y más que nunca, es inevitable.

Y nos preparamos á la victoria.

Escribe El Tiempo.

“Es cierto que el mensaje, en lo que hasta hoy conocemos, es una gran bofetada dada á la Comisión de la Cámara que fué á Washington.”

Se equivoca El Tiempo : el mensaje no nos hiere, no alcanza, á herirnos. Su autor quiso hacer daño ; más no supo medir el golpe y su mano cayó sobre su propia mejilla.

Ni la Comisión de la Cámara, ni la Cámara en pleno, ni el país que en ella tiene sus representantes — sus únicos representantes — coloca su dignidad al arbitrio de un señor, sea quien sea y ocupe el puesto que ocupe.

Ni Mr. Taft con todo su gabinete, ni el Congreso con todos sus próceres, pueden flajelar ni humillar á los tres caballeros de la Comisión, ni á los treinta y cuatro caballeros de la Cámara.

Pueden insultarnos, eso sí, á mansalva, sin el menor peligro. Pero sus insultos, en esas condiciones, se vuelven contra ellos. Y si hay aquí motivos de rubor y de vergüenza; no es en la Isla sino en el continente, en la Casa Blanca, donde se ruborizarán los valerosos paladines, que mandaron á California que cediera ante el Japón y que se atreven con un pobre pueblo inofensivo y desarmado.

El mensaje no nos preocupa, no nos mortifica, ¿Lo escribió el Presidente? A nosotros sólo nos desprestigiarían nuestros actos. Nunca los actos agenos. Y si Mr. Taft añadiera cien injurias, mil injurias, á las injurias da su úkase moscovita, volveríamos la cabeza, sonreiríamos piadosamente y diríamos como el poeta florentino:

“Guarda é passa.”

Bien estaría que nos sintiéramos humillados por unas frases, por unas opiniones de un Presidente ó de un emperador! El Czar de Rusia manda á sus súbditos á las estepas, les ahorca, les fusila, les llama traidores, bandidos, infames, canalla vil, ralea miserable de nihilistas. Y sin embargo, aquellos súbditos del Czar que van á Siberia, peregrinos de la libertad son los héroes y los mártires de la patria. Y el infame, el traidor, el bandido, se llama Alejandro, ó se llama Pablo, ó se llama Nicolás y ocupa un solio, y la canalla vil, la ralea miserable, es la que rodea y mantiene ese solio en San Petersburgo.

El Tiempo está en carácter.

El aplaudió los arrestos de Llorens y de Matienzo ; él alentó á, Vivoni y Oppenheimer; él declaró que Muñoz Rivera no pondría su diestra sobre el sancta sanctorum, no esgrimiría su palabra sobre la frente del Consejo Ejecutivo. Ahora se coloca junto á los que juzga fuertes é invencibles.

Es una historia vieja, que se repitió muchas veces y que se repetirá otras tantas. Es la historia de unas espaldas que tienen las costumbres del látigo, y de unos estómagos que tienen el apetito de la vianda fresca.

Ocurrió eso allí donde quiera que un pueblo luchó por su honor y su derecho : en España hubo afrancesados, en Italia austriacantes, en la India cipayos, en Filipinas constabularios, en Cuba voluntarios.

Tampoco nos preocupa, aunque sí nos mortifica, porque en la tierra noble y triste que nos vió nacer y nos verá, morir, solo deseamos que haya hombres dignos y no apóstalas y serviles.

La Comisión de la Cámara no fué á Washington para pedir más poder en provecho de un partido ; fué á demandar autonomía, fué á demandar justicia para un millón de almas que sufren el dolor de la esclavitud. Las demandó y las obtendrá. Bien sabía la Comisión, bien sabía la Cámara que su actitud del 16 de Marzo no es el último paso, sino el primero. Que el choque no cierra una situación, sino que la abre y la inicia; que desde ahora comienza el esfuerzo de Puerto Rico por romper el Acta Foraker.

El Presidente de los Estados Unidos se propone castigar el impulso que nos lleva hacia la lucha ? EL Presidente de los Estados Unidos ansía perpetuar la preponderancia de sus carpet baggers ?

Lo deploramos por los Estados Unidos, que merecen hoy, como á fines del siglo diez y ocho, un Jorge Washington y un Thomas Jefferson. Es una desgracia que no abunden allí los grandes estadistas ni los grandes libertadores.

En cuanto á nosotros, el Presidente de los Estados Unidos no nos intimida, ni nos sobrecoje. Nos sentimos tan sanos y tan íntegros como el 16 de Marzo.

Los mensajes se pierden á menudo en el vacío. En tres mensajes aconsejó Mr. Roosevelt que se nos concediese la ciudadanía. El Congreso no le oyó. En un mensaje aconsejó Mr. Rooselvet que la Cámara se renovara cada cuatro y no cada dos años. El Congreso no le oyó.

Y en infinitas cuestiones nacionales, internacionales ó coloniales, los Congresos desairaron á los Presidentes, según la Asamblea Legislativa nuestra tampoco escuchó las recomendaciones de Mr. Winthrop y Mr. Post.

No hay que “meter miedo.” Los jíbaros “no cojen miedo,” ya truene en Washington, ó ya truene en San Juan. Mientras se intente rebajarnos y deprimirnos ; mientras se pretenda someternos al yugo de una inferioridad tiránica ; mientras seis individuos importados valgan más que un millón de puertorriqueños autóctonos ; mientras haya aquí “tasación sin intervención y gobierno sin consentimiento;” mientras, en fin, se violen y se pisotéen la libertad americana y la constitución americana, la UNIÓN DE PUERTO RICO hablará, trabajará, combatirá, pugnará, guste ó no guste al Presidente moscovita, á quien es preciso cambiar por un Kremlin su histórica Withe House y por una corona imperial el gorro frigio de sus águilas rampantes.

Y el millón de jíbaros — incluyendo á los jíbaros republicanos que tienen vergüenza — el millón de jíbaros llevará á las urnas otra Cámara de patriotas ; y será necesario desembozarse, desenmascararse, suprimir la Cámara y traer de veras un despotismo que alce sobre las libres conciencias el Knout del Ural y de Circacia.

A esta altura caben dos sistemas.

El de la democracia americana.

El de la tiranía semi-europea y semi-asiática.

Nosotros hemos elegido. A una farsa indigna de poder que no se ejerce y de influjo que no existe y de inútil representación decorativa, preferímos una situación clara, en que los tiranos se llamen tiranos y no salvadores y en que los déspotas no exijan horrible vilipendio ! la gratitud de sus esclavos.

Los perros lamen la mano que les azota. En Puerto Rico hay quien gusta de ese oficio, Pero nosotros …….

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Nosotros somos hombres.

El mensaje del Presidente Taft hará época en la historia del Parlamentarismo universal.

Siempre se le citará como el documento menos diplomático, menos correcto y menos justificado.

En cambio será considerado como el menos discreto, sereno é imparcial de los mensajes que se hayan enviado á un Congreso legislativo.

En él se revela la sorda y violenta irritación que en un espíritu vanidoso y dominante produce la actitud digna, enérgica y patriótica de un pueblo que no acepta la imposición sin protesta : que rechaza lo que le perjudica y que no teme provocar la ira del ensoberbecido funcionario.

Basta publicar en paralelo el escrito de la Comisión puertorriqueña en Washington y el mensaje del Presidente Taft, para que salte á la vista, la discreción, tacto, alteza de miras, pureza de doctrina, noble sentido patriótico del primero, y la dureza, indiscreción, violencia y corrupción de la doctrina democrática del segundo.

Dice Mr. Taft que en la Comisión de la Cámara de Puerto Rico solo se ha revelado la ambición personal de los politicians; y el documento presentado por dicha Comisión al. Congreso, solo expresa un alto sentimiento patriótico, no apareciendo en él, ni siquiera las aspiraciones de un partido, sino “ las de todos los puertorriqueños ” según confesó El Tiempo, que es el más irreconciliable y enconado enemigo de la Unión.

Dice Mr. Taft en su mensaje que Puerto Rico no ha tenido oportunidad para educarse en la política, y el escrito de los Comisionados pone de manifiesto que el pueblo puertorriqueño tiene más educación civil y política que el autor del mensaje, que se aparta de todos los moldes y carece de la más elementales formas de la diplomacia.

Llama Mr. Taft ingratos á los puertorriqueños, porque no agradecen las libertades que generosamente les otorgara la nación americana ; y la Comisión prueba con documentos irrefutables, como son el Acta Foraker y la real orden de 28 de Noviembre de 1897, que los Estados Unidos en vez de darle, le ha quitado libertades al pueblo de Puerto Rico.

Y de este modo gallardo y cumplido, el escrito de la Comisión de la Cámara puertorriqueña, que por su fondo y su forma no desdeñaría firmar el más exigente y atildado diplomático, contesta al mensaje del presidente Taft.

A parte de la forma de dicho documento, hay en él una monstruosidad que sin duda habrá hecho avergonzar á los americanos á quienes no ha corrompido el imperialismo, que como lepra, maligna invade á una nación, que en pasados tiempos glorioso de ser la porta estandarte de la libertad y de la democracia.

Y esa monstruosidad es hacer un crimen y presentar como una especie de traición, que la Cámara puertorriqueña haya querido dictar leyes autonómicas.

Y resulta monstruosa esa condenación que hace el Presidente Taft, porque es una manifestación contraria á los principios y doctrinas sustentadas por los Estados Unidos.

Precisamente porque España se negaba á otorgar un amplio régimen de libertad y antonomía á Cuba, se fué la grande antilla a la guerra, y la nación americana la hizo triunfar.

El general Miles al desembarcar en Guánica al frente del ejército de los Estados Unidos, dijo al pueblo de Puerto Rico que no venía á traerle la guerra á é1, sino é garantizarle la libertad y el ejercicio de los principios democráticos.

¿ Cómo se explica el cambio de criterio que hoy ofrece el Presidente Taft ?

¿ Cómo puede ser hoy un delito lo que ayer se recomendaba como virtud ?

¿ Cómo la república democrática de la libre América se exhibe más absorvente y tiránica que la nación monárquica de la tradicionalista Europa?

De otra parte, si se examinan y analizan esas leyes en sentido autonómico, votadas por la Cámara y no aprobadas por el Consejo, las cuales sirven de base á la acusación de Mr. Taft, se encontrará que las relativas al nombramiento de jueces, alcaldes y concejales, están inspiradas y en concordancia con la ley orgánica de Puerto Rico, votada por el Congreso, que determina que esos cargos son electivos por sufragio popular.

Cuanto á la ley sobre tasadores de propiedad, la Cámara ha actuado de acuerdo con el texto de instrucción cívica, dado por el Gobierno á la escuela normal de Puerto Rico, y en cuyo texto se dice terminantemente que no se pueden imponer tributos á un pueblo sin su intervención, porque de otro modo se comete tiranía.

¿ Opina el Presidente Taft de otra manera?

Pues en vez de insultar á la Cámara y al pueblo de Puerto Rico, ordene que se borre dicha lección del texto oficial, ya que los actos del gobierno en Puerto Rico están en pugna con ese principio.

Afirma el texto que Inglaterra y España perdieron sus colonias en América por observar el principio tiránico de imponerles tributos sin su intervención y consentimiento : condena ese procedimiento y enseña al niño á odiarlo, y cuando la legisla tura puertorriqueña trata de corregir ese mal, para que l Unión americana no cargue las odiosidades ni vaya al fracaso como Inglaterra y España, el primer magistrado de la nación cuyo honor y prestigios quieren salvarse, múestrase irritado y violento y pide que se le cercenen facultades á esa Legislatura que tal lección le ofrece.

Ante la violencia de Mr. Taft, casi entran tentaciones de gritarle:

¡Salve, César; morituri te salutam!

No vamos á hacer hoy el análisis minucioso del mensaje del Presidente Tuft, sino simplemente á exponer los errores de mayor bulto, á fin de que la atención pública so fije en ellos.

Dice el Presidente:

“Puerto Rico ha sido hi hija favorita de los Estados Unidos. La soberanía de la isla fué traspasada en 1808 á los Estados Unidos con el pleno consentimiento de sus habitantes todos.”

¡ Falso !

Ni Puerto Rico ha sido la hija favorita de los Estados Unidos, ni la soberanía de ella le fué traspasada con el pleno consentimiento nuestro.

En la conferencia de París para acordar las bases del Tratado de paz entre España y los Estados Unidos, Puerto Rico no tuvo representación alguna.

Su traspaso del dominio español al americano se hizo por la voluntad de España, pues el artículo II de dicho tratado dice: “España CEDE á los Estados Unidos, la Isla, de Puerto Rico.”..

Más tarde una comisión. compuesta de los señores Hostos. Henna y Zeno Gandía. pidió al gobierno americano que hiciera un plebiscito para conocer la voluntad de Puerto Rico y no fué atendida.

Puerto Rico fué entregada y tomada sin consultársele siquiera.

“Me place declarar que 225,000 naturales del país ó sea una cuarta parte del total de la población, ha sido medicinada pagando el gobierno los gastos, llegándose al resultado de reducir la extensión y severidad de la dolencia, dominándola al cabo. Todos los habitantes de la Isla han sido vacunados eficazmente, y la viruela ha desaparecido.”

Falso !

La organización del servicio para combatir la anemia fué establecida en virtud de una ley dada por la Cámara puertorriqueña ; los gastos se han hecho, no con dinero del gobierno americano, sino con recursos del pueblo de Puerto Rico ; y el servicio con médicos puertorriqueños. Igual ocurre con la viruela, y con las escuelas, y con las carreteras y con cuanto cita el Presidente como favores á este país. ¡ Valiente favor el que se hace con el dinero del propio interesado !

Cuanto al ejército y la marina, esos son gastos de soberanía que á quien interesa es á la nación. Por nuestra parte todo eso sobra. ¡ Sería curioso que el esclavo tuviera que pagar y alimentar con buena voluntad y alegría al capataz que lo vigila !

“Las pérdidas que la libre admisión de productos puertorriqueños origina á las rentas públicas de los Estados Unidos alcanza á $15.000,000. La riqueza de la Isla depende directamente del cultivo en el suelo de la caña, tabaco, café y frutas, para los cuales son único mercado los Estados Unidos de América.”

Falso !

Nuestro café que representa el mayor y el único cultivo permanente del país, no tiene mercado en los Estados Unidos, Quienes han perdido con el libre cambio, somos nosotros ; pues la protección al azúcar y al tabaco no compensa el sobre precio que abonamos por las importaciones americanas. Recibimos de los Estados Unidos 7 millones de prima de nuestros artículos protegidos, y les pagamos más de 12 millones por los suyos. ¿ Quién es el sacrificado y quién el beneficiado?

Además, los derechos que Puerto Rico pagara á la Unión por sus importaciones, no ascenderían nunca a quince millones. Ahí están los números de las estadísticas.

“Los representantes de la Cámara de Delegados declaran con insistencia en sus peticiones al Congreso y al público que, desde el punto de vista de un pueblo libre, el puertorriqueño se ve ahora sometido bajo la soberanía americana á la opresión política y á un gobierno menos liberal que lo fué el español.”

La Comisión de la Cámara expuso hechos concretos. Es decir, dió los textos del acta orgánica Foraker y de la Constitución autonómica de España, comparándolos. De la comparación resulta menos liberal la ley americana que la española. Mr. Taft hace comentarios á su gusto y suposiciones gratuitas, respecto á si la reforma autonómica sería ó no duradera, como también prejuzga si teníamos ó no capacidad para ejercer los derechos y libertades do aquel régimen, Y en asunto de esta naturaleza todo lo que no sea hecho concreto y probado, huelga.

“ Era él (el régimen autonómico) un arreglo á guisa de ensayo, revocable á voluntad de la Corona, ” — dice el Presidente.

La Constitución autonómica en el 2° de sus artículos adicionales, dice:

“Cuando la presente constitución sea inmediatamente aprobada por las Cortes del reino para las Islas de Cuba y Puerto Rico, no podrá ser enmendada, excepto en virtud de una ley especial y á petición del parlamento insular.”

“La legislatura insular no tenía poder para confeccionar nuevas leyes ó adicionar las existentes por que se regían los derechos de propiedad ó la vida y la libertad del pueblo. La urisdicción para aprobar esas leyes quedaba á cargo de las Cortes nacionales, y comprendía el conjunto de leyes modificadas por que se guiaba el descenso, distribución y traspaso de la propiedad y los contratos, agravios, derechos sobre bienes raices, leyes notariales, leyes fluviales y de minas, código penal, civil, criminal, y administrativo, leyes orgánicas de ayuntamientos, ley electoral, código de comercio, etc., etc.”

Falso!

Puerto Rico tenía en las cortes nacionales una representación constituída por diez y seis diputados y tres senadores, de modo que intervenía en la legislación de la metrópoli, tanto ó más que cualquier Estado en la Unión americana. Sucedía al respecto de las leyes de carácter general españolas, lo mismo que ocurre en Norte América.

Si cada Estado americano no puede legislar por si en lo que afecta al conjunto nacional, Puerto Rico se encontraba en igual caso respecto á España.

De modo que es falsa la afirmación de Mr. Taft.

“En el anhelo de ciertos de sus leaders por la consecución de poder político, los puertorriqueños han olvidado la generosidad de los Estados Unidos en sus relaciones con ellos.”

Falso !

Si los leaders de la Unión anhelaban á todo trance poderes políticos, se habrían puesto bajo el ala del gobierno, secundándolo en absoluto. No es el de la oposición noble y sincera, el camino más seguro para llegar al poder con un gobierno centralizador y despótico.

Por el contrario, los leaders han sacrificado las conveniencias personales suyas y las principales del partido, como son la simpatías y el apoyo gubernamentales, por defender y mantener los derechos y conveniencias del país.

Cuanto á lo de la generosidad que se nos echa en cara, ya estamos bien convencidos : generosidad de quitarnos libertades y derechos, generosidad de pagar con nuestro dinero á unos burócratas americanos, que representan el imperio : generosidad de pagar con nuestro dinero las obras y servicios que decreta nuestra legislatura ; generosidad de devolvernos lo que indebidamente nos cobraron.

Desde ese punto de vista, Shylock el mercader de Venecia, podía ser un modelo de generosidad.

Hasta aquí los errores y los horrores del célebre mensaje: es á saber, los más crasos y los más respulsivos. El documento es un tegido de afirmaciones falsas. Pero aún así, y aún existiendo doble, triple, cuadruple ó quintuple número de disparates; y aún aumentando – lo cual es difícil — la cuantía de los insultos, el mensaje es bueno para Puerto Rico, satisfactorio para la Cámara y espléndido para la Comisión de la Cámara. Lo demostraremos desde el lúnes en nuestras páginas editoriales.

La intención fué perversa. Se quiso intimidarnos y anonadarnos ; pero como no resulta ni lo uno ni lo otro y como ahora nos sentimos más fuertes que antes, la intención no pudo convertirse en hecho.

El mensaje vale para el país más que todo el trabajo do la Comisión. Es un triunfo del país. Mr. Taft quiso matarnos y nos sirve, en toscos vasos de Ohio, el licor de la vida. Asi resultan siempre los “palos de ciegos.”

Y continúa el mensaje :

“ Este bill, — el de jueces municipales — tenía por norte el aumento á sesentiseis de los veintiseis jueces ya acordados, á la par que la desaparición de los jueces de paz. Objetó el Consejo Ejecutivo al cambio fundándose en que la elección de jueces municipales al mismo tiempo de haber afectado ya la administración eficaz é imparcial de la justicia, había también resultado en la elección de jueces de un solo credo político, subordinados á la voluntad del Comité Central del Partido Unionista dominante.”

Es falso !

La elección de jueces no resultó en provecho de un solo partido, pues que los elegía el pueblo y triunfaban los unionistas ó los republicanos allí donde el sufragio les era favorable. Los jueces de Coamo, San Juan, Aguadilla, Barros, San German y Yauco son republicanos. Y establecida la reforma según fué propuesta por la Cámara, de los sesenta y seís jueces, quince habrían sido republicanos : los correspondientes á sus quince municipalidades.

Es también falso que los jueces se subordinen á la voluntad de la Junta Central. No los designa ella sino las convenciones de cada municipio. Y nunca, jamás, se dió el caso de que la Junta recomendase á ningún juez ningún asunto.

Lo que sucede hoy es que municipios unionistas como Arecibo, Toa Baja, Río Piedras, Aguas Buenas, Aguada, y otros, tienen jueces de paz republicanos, mientras que ningún municipio republicano tiene jueces unionistas. Y ese enorme abuso quería y quiere impedir la Unión. Y aún, después da su triunfo y dos copos, no pudo impedirlo, gracias á la risible, á la hipócrita imparcialidad del Gobernador y del Attorney que á conciencia protejieron y protejen la injusticia. Si el Presidente Taft ignora eso, debe aprender antes de hablar, á fin de que no hable de paporreta, como un fonógrafo del Consejo Ejecutivo y del Gobernador, que le informan con el engaño por delante y que no se preocupan del mayor ó del menor prestigio que alcance el jefe supremo de su propia patria.

“Sin nuestra protectora munificencia Puerto Rico estaría tan dacaido como se encuentran algunas de sus vecinas las Islas de las Antillas. Antes de la ocupación americana, en el finiquito comercial resultaba una diferencia contra la Isla de más de $12,500,000, y hoy presenta un exceso en su favor de $2,500,000.”

Es falso !

En el quinquenio de 1892 á 1896 inclusives, hubo en la Isla un movimiento mercantil que se resume en las cifras siguientes:

Importación90,572,508.99
Exportación84,922,493.82
Balance5,450,015.17

ó sea un millón noventa mil pesos de diferencia anual contra la importación y no doce millones quinientos mil, como hacen decir al Presidente sus detectives de Puerto Rico.

En el año de 1897, que precedió á la ocupación americana; tuvo el movimiento mercantil de la Isla la siguiente proporción, tomada de la estadística oficial:

Importación17,858,063.29
Exportación18,574.678.45
Balance716,615.16

De modo que en aquel ejercicio económico se encuentra ya un superabit ; y el país no estaba en la miseria, quebrado, en bancarrota, que le supone el Presidente Taft, sino próspero y en vías de más amplios desarrollos.

Estas no son ilusiones, ni cálculos en el aire, ni castillos en España. Son datos numéricos irrefutables, procedentes de libros, que conservamos en nuestra biblioteca. El Consejo Ejecutivo los conoce y los oculta. Si no los ocultase, tampoco podría engañar al jefe supremo de su propia patria.

Después de tantos horrores y de tantos errores, el Congreso de los Estados Unidos, creyente en la palabra de su gran sacerdote, prolongará la vigencia de los presupuestos, siempre que la Asamblea legislativa no esté conforme para renovarlos. Y como la dicha prolongación es totalmente absurda, no podrá perpetuarse la enmienda de la Ley Foraker y la Ley Foraker habrá muerto.

Y entonces quedará en pie, firme y robusto, el dilema planteado por la Cámara : Ó UNA EXPANSIÓN LIBERAL Ó UNA OPRESIÓN CRIMINAL. En otras palabras : ó la república conquistadora mantiene sus tradiciones y decreta la libertad de Puerto Rico, ó cumple sus ambiciones y decreta la esclavitud de Puerto Rico. Lo primero es su fama y su prestigio muy altos en presencia del orbe que la contempla y la escudriña ; lo segundo es su prestigio y su fama rotos como una máscara histriónica en el carnaval de la diplomacia y de la política.

Lo que no continúa, lo que no puede ni debe continuar, porque es la deshonra y el escarnio de un pueblo, es esa Acta Foraker, que ya vacila bajo el ludibrio de su nombre. Al amparo de tal acta seis consejeros, que son seis enemigos del país, disponen á su gusto del dinero del país, viven casas gratuitas, pasean automóviles gratuitos; y, llegados de no se sabe dónde, se juzgan y son en efecto los amos de una tierra que les rechaza, y que les soporta, sin embargo, por una razón bien simple : de parte de esos seis hombres milita la fuerza.

Ellos llaman “malos americanos” los hijos de la isla, cuando los hijos de la isla piden el derecho americano. Ya se le alcanza que mienten ; pero como insinuaba en el Capitolio el representante Larrínaga, ellos defienden su nómina cuantiosa, su mansión barata y su rápido automóvil. Puerto Rico paga.

¡ Qué ingrato es Puerto Rico !